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miércoles, 17 de mayo de 2017

Pálido veneno

Cartel psicodélico del artista gráfico Victor Moscoso (1961). Fuente: http://www.victormoscoso.com


Tus manos delinean
una estela de nieve inmaculada
sobre los negros mármoles de un baño,
mientras en la sombría discoteca
sonidos electrónicos retumban
y danzan todos ebrios en la sala.
Tú, detrás de la puerta, silencioso,
te sumerges a solas
en el goce de un pálido veneno;
viajas al ignorado paraíso
de las altas euforias, donde vives
como un dios en la tierra.

Alas de fuego nacen de tu espalda
(no importa si de un ángel o un demonio),
y el cielo de la noche, que dormía
como un oscuro lago,
se incendia con auroras boreales.
De súbito se borran las fronteras
que ciegan y separan tus sentidos:
ves la música, oyendo sus colores.
Y te sacuden olas de entusiasmo:
quebrando las cadenas de la mente,
sales de ti, fundido con el cosmos;
más allá de razones y evidencias,
puedes amarlo todo, ya sin muros.
Mañana volverás a ser el mismo
sobre la dura tierra: solo un hombre,
pero, mientras el pálido veneno
celebre sus oficios en tu sangre,
serás un dios, un dios en este mundo,
rozando las estrellas con tus ojos.